Se cumplen cincuenta años desde que, por última vez, las fuerzas armadas se levantaron contra la democracia en la Argentina. Sabemos que instaló el sistema represivo más cruel que hemos visto en nuestro país durante el siglo XX, y que las consecuencias de aquellos crímenes siguen permeando a gran parte de la sociedad. Pero la dictadura fue también represiva respecto del pensamiento y ejerció una censura que podemos definir académicamente como imbécil. Su primer adalid, que ya ejercía la represión cinematográfica y la gimnasia de las tijeras, fue Miguel Paulino Tato, pero no fue el único.
Amo y señor durante los setenta del Ente de Calificación Cinematográfica (en la práctica, una guillotina cinematográfica), no sólo evitó el estreno de centenas de films, sino que mutiló a la mayoría de los que sí se estrenaron. Eran los años en los que campeaba Anastasia, el apodo que algunos pocos valientes en los medios le daban a la a veces ridícula censura. Entre esos valientes estaba el crítico Aníbal M. Vinelli, que en su columna “Cortes y Confesión” de la revista Humor se animaba a decir cuántos minutos o qué escenas habían sido suprimidas de las películas que llegaban a las pantallas. Este ciclo incluye varios de los hallazgos de Vinelli, y cuando revisamos estos films se demuestra que el uso del término “imbécil” es menos un insulto que una descripción precisa. Las películas irán, como corresponde, sin cortes: quienes las hayan visto en los cines quizás descubran que son muy diferentes de lo que recordaban.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Solo aptas para mayores de 16 años. Reservas en Entradas BA. Sujeto a capacidad de sala.
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