Al principio, Gilliam era quien hacía esos dibujos y cut-outs (animaciones con recortes de papel) para los Monty Python, grupo al que le otorgó gran parte de su sello visual. Sí, también actuaba, pero su rol era más callado que el de —digamos— John Cleese o Graham Chapman. Cuando se volvió director de cine, optó por llevar ese juego con el diseño antiguo y la tendencia al barroco visual, combinados con el humor, al diseño de sus imágenes. Es difícil tratarlo como un “maestro”; sin embargo, las cuatro películas que presentamos en este ciclo representan una unidad visual y temática notable. Gilliam es de esos directores que parecen no formar parte de una tradición cinematográfica, que ven el cine como una extensión libre de su imaginación, con sus altas y sus bajas. Y, con fallas y aciertos, resulta fascinante.
A lo largo de todo el año impulsamos convocatorias abiertas y públicas para invitar a referentes culturales, colectivos, organizaciones, instituciones y artistas a proponer y llevar adelante contenidos culturales y artísticos junto al centro.
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