Probablemente la mejor película de ese extraordinario comediante físico y verbal que fue Danny Kaye. Es una pena que hoy ya no se lo recuerde tanto: fue una auténtica estrella y un especialista en hacer humor desarmando y rearmando palabras. Pero también era un gran atleta, aunque su personaje habitual fuera el del tímido torpe que se imponía —un poco a los tropezones— a los bullies que solían rodearlo. Un enamorado, en suma, que casi siempre se quedaba con la chica. Aquí realiza una parodia del clásico Robin Hood de Errol Flynn (¿sabía que también se proyecta en esta sala este mes? Es un lindo ejercicio ver ambas películas) al interpretar a un falso juglar con una misión imposible en un castillo plagado de enemigos. El final incluye un duelo con el villano —ni más ni menos que el mismo de Robin Hood, Basil Rathbone— y constituye uno de los grandes momentos cómicos del Hollywood en Technicolor de los años cincuenta. Ningún chico que la haya visto en los años setenta por televisión —cuando se programaba con frecuencia— la olvidó. Y quienes la ven hoy, tampoco.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Reservas en Entradas BA. Sujeto a capacidad de sala.
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